En Guanacaste, a tan solo tres kilómetros de Sámara, Eco-Turismo Guayacanes demuestra que el turismo también puede ser una herramienta para la conservación, donde el Guayacán Real (Guaiacum sanctum) se ha convertido en una misión de largo plazo. 

Eco-Turismo Guayacanes

Costa Rica es reconocida internacionalmente por su liderazgo en la conservación de la naturaleza. Cerca del 30 % de su territorio se encuentra bajo alguna categoría de protección y el país ha impulsado iniciativas pioneras para recuperar ecosistemas que durante décadas estuvieron amenazados por la deforestación. Sin embargo, más allá de los parques nacionales y las áreas silvestres protegidas, existen proyectos privados que también están escribiendo una historia de recuperación ambiental. Hoy, esta labor de conservación es impulsada por la Fundación Guayacán Real, creada en 2020, y respaldada por Eco-Turismo Guayacanes, un proyecto de hospedaje integrado a la naturaleza que destina más del 10 % de sus ingresos al financiamiento de la fundación. 

Además del aporte económico, la propiedad funciona como sede de la organización y pone a disposición terrenos, infraestructura, viveros, mano de obra y otros recursos para el establecimiento y cuidado de plantaciones jóvenes de Guayacán Real. De esta manera, cada huésped contribuye directamente a la recuperación de una de las especies forestales más valiosas de Costa Rica.

Un árbol que estuvo al borde de la extinción

En 1980, Costa Rica declaró al Guayacán Real en peligro de extinción, cuando apenas sobrevivían alrededor de cien ejemplares adultos en el país. Durante siglos, su extraordinaria madera, reconocida por su resistencia y densidad, fue altamente valorada en Europa y otras regiones del mundo. A ello se sumó la extracción de su aceite natural, conocido como guayacol, al que históricamente se le atribuyeron propiedades medicinales, convirtiendo a esta especie en una de las más explotadas del continente americano.

El resultado fue la desaparición del Guayacán Real en gran parte de su distribución natural y una drástica reducción de sus poblaciones.

Su recuperación representa un desafío adicional debido a su lento crecimiento. Un guayacán puede tardar cerca de 300 años en desarrollar un tronco de apenas 50 centímetros de diámetro y, durante sus primeros años, compite por espacio y luz con especies de crecimiento más rápido. Por ello, cada árbol que logra establecerse constituye un importante avance para la conservación de la especie.

Una fundación para recuperar la especie

Con el propósito de revertir esta situación, en el año 2020 nació la Fundación Guayacán Real, cuya misión es proteger, preservar y recuperar las poblaciones del Guayacán Real mediante programas de producción, reforestación y educación ambiental.

Cada año, la fundación entrega alrededor de 200 árboles jóvenes a escuelas, comunidades y familias, promoviendo la restauración ecológica y la participación ciudadana. Gracias al apoyo de Eco-Turismo Guayacanes, también mantiene viveros, desarrolla nuevas plantaciones y continúa ampliando las áreas dedicadas a la recuperación de esta especie.

Sembrar un guayacán no es un acto para beneficio inmediato. Es un compromiso con las próximas generaciones y con la conservación de la biodiversidad que caracteriza al Bosque Tropical Seco.

¿Cómo puede colaborar?

Al hospedarse en Eco-Turismo Guayacanes, usted forma parte de este esfuerzo de conservación. El valor de su estadía se destina directamente a la Fundación Guayacán Real, apoyando la producción de nuevos árboles, la reforestación y la protección del Guayacán Real en la zona de Sámara.

Un proyecto pionero de restauración

Las primeras siembras de esta especie comenzaron como parte de un programa de eco-reforestación. Desde entonces se han plantado más de mil guayacanes reales, convirtiendo el sitio en uno de los proyectos de conservación más importantes dedicados a esta especie. 

La perseverancia ha marcado el proceso de restauración del Guayacán Real. Desde sus inicios, el equipo enfrentó condiciones extremadamente difíciles: prolongadas sequías asociadas al fenómeno de El Niño, fuertes vientos, plagas, enfermedades e incluso incendios forestales. Esta experiencia ha demostrado que la restauración ecológica no ocurre de un día para otro. Es el fruto de décadas de trabajo, del compromiso con la naturaleza y de la convicción de que cada árbol sembrado puede marcar la diferencia en la conservación de una especie.

Un legado para el futuro

El Guayacán Real enseña una valiosa lección sobre el tiempo. Mientras su crecimiento puede medirse en siglos, las decisiones para protegerlo deben tomarse hoy.

Cada nuevo árbol sembrado representa una esperanza para que esta especie continúe formando parte de los paisajes de Guanacaste y del patrimonio natural de Costa Rica. La labor de la Fundación Guayacán Real demuestra que, con esfuerzo, planificación y participación comunitaria, es posible devolverle un futuro a uno de los árboles más extraordinarios de América.

Hospedarse aquí es una forma de ayudar a que el Guayacán Real siga formando parte del paisaje natural de Guanacaste.

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