El Ecomuseo Minero de Abangares, ubicado en Guanacaste, es hoy un espacio donde la naturaleza y la historia conviven. Sus 38 hectáreas de bosque resguardan los vestigios de una de las etapas más intensas de transformación económica y social del país: la industrialización de la minería del oro entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Lo que alguna vez fue un enclave industrial de escala internacional, hoy se recorre como un museo al aire libre que invita a comprender el pasado caminándolo.

El nacimiento de Abangares y la fiebre que cambió su destino

El descubrimiento del oro en 1884, denunciado por Juan Vicente Alvarado Acosta, marcó un antes y un después para esta región. A partir de ese momento, Abangares dejó de ser una zona boscosa y aislada para convertirse en un polo de atracción para trabajadores, empresarios y migrantes de distintas partes de Costa Rica y del mundo. Así nacieron pueblos como La Sierra y Las Juntas, profundamente definidos por la minería y por una marcada división social.

Cuando la minería se volvió industria

Con la llegada de la compañía Abangares Gold Fields, liderada por el empresario estadounidense Minor Cooper Keith, la minería artesanal dio paso a un modelo industrial altamente mecanizado. Tecnología importada desde Estados Unidos e Inglaterra, capital extranjero y una organización laboral estricta transformaron Abangares en uno de los proyectos mineros más ambiciosos de Centroamérica.

El bosque que volvió a crecer sobre la tala

El Eco-Tour Histórico “Los Mazos” propone un recorrido de aproximadamente 2 horas a lo largo de 2 kilómetros de senderos. El trayecto combina jardines, bosques, escalinatas y miradores, y está catalogado como de alta demanda física. No requiere preparación atlética, pero sí disposición para caminar por un entorno natural exigente, siguiendo antiguos caminos utilizados por locomotoras y trabajadores mineros.

Las áreas boscosas del ecomuseo corresponden a bosque secundario, resultado de una recuperación natural tras décadas de explotación intensiva. Durante el auge minero, la compañía taló gran parte del bosque para construir instalaciones, ferrocarriles, hornos y para exportar maderas preciosas. Hoy, el bosque tropical seco y el bosque de galería, acompañado por el río Abangares, dan refugio a una rica biodiversidad.

Sendero Tres Hermanos: donde comenzó la historia del oro abangareño

Uno de los tramos más significativos es el Sendero Tres Hermanos, nombrado en honor a Rafael, Paulino y Juan Acosta Chávez, quienes abrieron la primera mina en la zona. Este sendero permite conocer tanto los orígenes de la minería en Abangares como la diversidad natural del área, con especies emblemáticas de flora y fauna que hoy habitan el ecomuseo.

El recorrido conduce hasta el Túnel Boston, una de las estructuras históricas más impresionantes del sitio. Aunque no fue un túnel minero propiamente dicho, permitió el paso de locomotoras para evitar pendientes imposibles para los motores a vapor. Su visita permite experimentar cómo se accedía a las minas y comprender la compleja logística que sostenía la industria.

La dinamita como herramienta de progreso y peligro

La Casa de la Pólvora, construida a inicios del siglo XX, funcionó como polvorín para almacenar dinamita y detonantes. Su sólida arquitectura de piedra y su ubicación estratégica reflejan el alto valor y el riesgo que implicaba el manejo de explosivos. Hoy se conserva protegida, manteniendo su estructura original como testimonio del pasado industrial.

Vapor, hierro y nombres con poder

A lo largo del recorrido destacan piezas emblemáticas como la locomotora “Tulita”, una de las dos traídas en 1904 para transportar el cuarzo aurífero. Junto a vagones, tractores y poleas, estas máquinas revelan la estrecha relación entre el poder económico, la élite política costarricense y los empresarios mineros extranjeros.

Ecomuseo Minero de Abangares: “los mazos”

 la locomotora “Tulita”, una de las dos locomotoras a vapor traídas a La Sierra para el año de 1904, con el objetivo de facilitar el transporte efectivo del cuarzo aurífero desde las minas hasta la planta.

El Ecomuseo resguarda también una pelton de producción eléctrica, evidencia de que en La Sierra se generó electricidad por primera vez en Costa Rica. Utilizando la fuerza hidráulica de los ríos Abangares y Guacimal, la minería impulsó avances tecnológicos que beneficiaron tanto a la planta industrial como al pueblo.

El corazón de hierro de Abangares: el Edificio de Los Mazos

El principal atractivo del ecomuseo son las ruinas del Edificio de Los Mazos, una monumental planta de procesamiento industrial construida hace más de 100 años. Durante cerca de tres décadas, funcionó las 24 horas del día, procesando hasta 100 toneladas de roca diarias mediante un complejo sistema de mazos, mercurio y hornos de fundición.

La vida laboral en la planta estuvo marcada por turnos de 12 horas, vigilancia estricta y un control absoluto del transporte del oro. El metal, convertido en barras y lingotes, era trasladado una vez al mes bajo extremo secreto hasta la costa, desde donde se enviaba al extranjero.

El auge minero también dejó episodios de profunda violencia social, como La Matanza de los Negros en 1911, un conflicto que expone el racismo, la explotación laboral y la represión ejercida contra los trabajadores. Este hecho permanece como una herida abierta en la memoria histórica de Abangares.

De enclave minero a patrimonio cultural

Tras el cierre de la planta en 1931, la selva cubrió caminos, rieles y edificaciones. Décadas después, el Ecomuseo Minero de Abangares, creado en 1991 y declarado Patrimonio Cultural en 2005, recuperó este espacio para conservar su historia y transformarla en una experiencia educativa, turística y reflexiva.

Sensorial Sunsets