Cabo Blanco: Nicolás Wessberg y Karen Mogensen pioneros de la conservación

Mucho antes de que Costa Rica fuera reconocida internacionalmente por sus políticas de conservación, una pareja de europeos decidió hacer de la protección de la naturaleza su proyecto de vida. Nicolás Wessberg, de origen sueco, y Karen Mogensen, nacida en Dinamarca, llegaron al país en 1954 después de recorrer distintos lugares de América en busca del sitio donde querían establecerse.
Finalmente, encontraron ese lugar en Montezuma, en la península de Nicoya. Allí comenzaron una vida dedicada a la naturaleza y, con el tiempo, impulsaron uno de los proyectos que marcarían la historia de la conservación costarricense: la creación de la Reserva Natural Absoluta Cabo Blanco.
Un sueño en la península de Nicoya
Durante la década de 1950, grandes extensiones de bosque de la península de Nicoya estaban siendo transformadas para establecer actividades agropecuarias. La política de colonización de la época favorecía el aprovechamiento de tierras consideradas disponibles, lo que aceleró la pérdida de cobertura forestal.
Wessberg y Mogensen observaron con preocupación este proceso. Cabo Blanco llamó especialmente la atención de Nicolás por la diversidad de su vegetación y fauna. El naturalista sueco visitaba la zona para recolectar semillas y quedó convencido de que aquel bosque debía permanecer protegido.
La pareja comenzó entonces a buscar apoyo para adquirir las tierras. Organizaciones conservacionistas de Suecia y Dinamarca contribuyeron a reunir los recursos necesarios, mientras que personas e instituciones costarricenses también participaron en el proceso. De acuerdo con documentación del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y otros colaboradores también tuvieron un papel en las gestiones que condujeron a la creación de la reserva.


Un vínculo particular facilitó parte de estos esfuerzos. Karen Mogensen y Karen Olsen de Figueres, esposa del expresidente José Figueres Ferrer, habían nacido en Dinamarca y desarrollaron una amistad. Esta relación contribuyó a conseguir apoyo para los primeros esfuerzos de conservación.
Después de varios años de trabajo, el proyecto se concretó. El 21 de octubre de 1963, mediante el Decreto Ejecutivo N.° 10, Cabo Blanco recibió la categoría de Reserva Natural Absoluta. SINAC la reconoce como la primera área silvestre protegida de Costa Rica y Centroamérica. Su creación también ayudó a sentar las bases del sistema de áreas protegidas que el país desarrollaría posteriormente.
Cabo Blanco, un refugio frente al océano
La Reserva Natural Absoluta Cabo Blanco se encuentra en el extremo sur de la península de Nicoya. Su territorio comprende ecosistemas terrestres y marinos que forman parte de un mismo espacio de conservación. La reserva protege bosques donde conviven especies propias de ambientes húmedos y secos. También conserva sectores de bosque secundario que se han recuperado después de décadas de transformación del paisaje.
Entre los árboles presentes se encuentran especies como el madroño, guácimo, jobo, indio desnudo y guarumo. También destacan árboles de gran tamaño, como el pochote, la ceiba y el espavel. La zona conserva además especies vegetales de distribución más limitada en la península.
La fauna es igualmente diversa. En sus bosques pueden encontrarse monos congo y carablanca, venados, armadillos, pacas, osos hormigueros, mapaches y pizotes. También existen registros de felinos como el manigordo, el caucel y el jaguarundi. Por otra parte, las aves constituyen otro de los grandes atractivos de Cabo Blanco. Se han registrado numerosas especies terrestres y marinas, mientras que la costa y la isla de Cabo Blanco ofrecen sitios importantes para diferentes aves.
La isla que da nombre a la reserva se encuentra frente a su extremo sur. Sus rocas, cubiertas por depósitos de guano, dieron origen al nombre Cabo Blanco. El sitio es utilizado por distintas aves marinas y forma parte del paisaje que caracteriza esta zona de la península. La protección también se extiende al ambiente marino. La reserva incluye una superficie de océano que contribuye a conservar especies asociadas a los ecosistemas costeros.
La conservación tenía un costo personal
El proyecto de Wessberg y Mogensen no fue sencillo. Durante aquellos primeros años, proteger un bosque podía entrar en conflicto con intereses económicos relacionados con la tierra.
La documentación histórica de SINAC señala que algunas personas percibieron los esfuerzos de conservación como una amenaza para sus intereses. Esta tensión acompañó también las gestiones relacionadas con la protección de otras zonas naturales del país.
En 1975, Nicolás Wessberg viajó a la península de Osa para apoyar los esfuerzos relacionados con la protección del territorio donde posteriormente se establecería el Parque Nacional Corcovado. Durante ese viaje fue asesinado. Las circunstancias de su muerte han sido objeto de distintas versiones. Documentos de SINAC señalan que, hasta la fecha de elaboración de su plan de manejo, no se había esclarecido quién o quiénes fueron responsables del asesinato.


La muerte de Wessberg no puso fin al trabajo que había iniciado junto con Karen. En 2025 se cumplieron 50 años de su muerte, una fecha que permitió recordar nuevamente el papel que ambos tuvieron en los primeros esfuerzos organizados de conservación de Costa Rica.
Karen Mogensen continuó la misión
Después de la muerte de Nicolás, Karen permaneció vinculada a la conservación. Su situación económica llegó a ser muy difícil, a pesar de que continuó gestionando recursos para mantener las áreas que había ayudado a proteger.
Según documentación de SINAC, incluso convirtió su vivienda en Montezuma en un pequeño hospedaje para obtener ingresos. Alquilaba las habitaciones mientras ella dormía en una zona posterior de la casa. La presión económica estuvo relacionada, entre otros factores, con los impuestos y cobros aplicados sobre sus propiedades.
Karen mantuvo hasta sus últimos años el objetivo de garantizar la protección permanente de la finca donde había vivido con Nicolás. Antes de morir, en 1994, dejó establecido que esta propiedad debía convertirse en patrimonio de conservación bajo la administración del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE).



Actualmente, esa área es conocida como la Reserva Natural Absoluta Nicolás Wessberg, en reconocimiento a uno de los principales impulsores de Cabo Blanco y de los primeros esfuerzos de conservación del país. SINAC mantiene esta reserva dentro del sistema nacional de áreas silvestres protegidas.
El legado continúa en la Reserva Karen Mogensen
La labor de Karen también dio origen a otro espacio de conservación en la península de Nicoya. Además, la Reserva Karen Mogensen comenzó a desarrollarse en 1996 mediante la adquisición de las primeras 364 hectáreas por parte de la Asociación Ecológica de Paquera, Lepanto y Cóbano (ASEPALECO), con apoyo de organizaciones internacionales. Con los años, el área protegida se amplió hasta alcanzar cerca de 960 hectáreas, según Foreste per Sempre.
La reserva protege bosques en proceso de regeneración y fuentes de agua importantes para las comunidades de la región. También funciona como un espacio para la educación ambiental, la investigación y el ecoturismo.
Su historia demuestra que la conservación no depende únicamente de declarar un territorio protegido. También requiere recuperar bosques, mantenerlos a largo plazo y trabajar junto con las comunidades cercanas.
Ciencia para entender el bosque
La conservación de la Reserva Karen Mogensen incorporó además una dimensión científica. Foreste per Sempre, organización italiana que trabaja junto con ASEPALECO, apoyó la creación de una estación biológica y meteorológica en la reserva. La instalación fue inaugurada en 2014 y permite recopilar información sobre biodiversidad, condiciones meteorológicas y cambios ambientales.
La estación permite estudiar la relación entre el bosque y las condiciones climáticas. También facilita investigaciones sobre especies, regeneración forestal y funcionamiento de los ecosistemas. Entre sus objetivos se encuentra el seguimiento de los efectos que los cambios climáticos pueden tener sobre la biodiversidad. Los datos meteorológicos obtenidos a largo plazo pueden complementar las investigaciones biológicas y ayudar a comprender la evolución del bosque.
El proyecto también tiene un componente educativo. La estación puede servir como espacio para investigaciones universitarias, prácticas de campo y actividades destinadas a estudiantes y grupos interesados en la conservación.
Un legado que permanece
La historia de Nicolás Wessberg y Karen Mogensen está vinculada a un momento en el que la conservación todavía no ocupaba el lugar que tiene actualmente en Costa Rica. Su trabajo ayudó a demostrar que los bosques podían tener un valor que iba mucho más allá de su aprovechamiento económico. Cabo Blanco se convirtió en un precedente para el desarrollo posterior de las áreas silvestres protegidas del país.
Hoy, Cabo Blanco continúa protegiendo ecosistemas terrestres y marinos en la península de Nicoya. La Reserva Natural Absoluta Nicolás Wessberg conserva otra parte de ese legado, mientras que la Reserva Karen Mogensen mantiene vivo el nombre de la mujer que continuó defendiendo la conservación después de la muerte de su compañero.
Más de seis décadas después de la creación de Cabo Blanco, la visión de aquella pareja europea forma parte de la historia ambiental de Costa Rica. Sus nombres permanecen asociados a bosques protegidos, proyectos de investigación y comunidades que siguen encontrando en la conservación una forma de proteger sus recursos naturales.
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