Cada 14 de setiembre, cuando cae la tarde, las calles de Costa Rica se iluminan con cientos de faroles elaborados por estudiantes y familias. La tradición forma parte de las celebraciones de la Independencia y reúne a personas de distintas generaciones alrededor de una misma actividad.

Pero ¿por qué se utilizan faroles? La respuesta está relacionada con los acontecimientos ocurridos en Guatemala durante la noche del 14 y la mañana del 15 de setiembre de 1821, cuando los habitantes de la ciudad de Guatemala se movilizaron para respaldar la separación de España.

Uno de los nombres más vinculados con aquellos acontecimientos es el de María Dolores Bedoya de Molina, una mujer que participó activamente en el movimiento independentista y que, en una época en la que las mujeres tenían una participación política muy limitada, asumió un papel público durante aquellas jornadas.

Una noche de incertidumbre en 1821

A comienzos del siglo XIX, Centroamérica todavía formaba parte del dominio español. La situación política de la región, sin embargo, había comenzado a cambiar. Las ideas independentistas ganaban fuerza, mientras otros sectores defendían la continuidad del orden político existente. La comunicación también era muy diferente a la actual. No existían los medios de comunicación modernos y las noticias podían tardar días o semanas en desplazarse de una ciudad a otra.

Costa Rica tampoco conocía en ese momento lo que estaba sucediendo en Guatemala. De hecho, las noticias sobre la independencia proclamada el 15 de setiembre llegaron a Costa Rica hasta octubre, mediante comunicaciones que viajaron desde el norte. El 13 de octubre de 1821, un correo llegó a San José con información sobre los acontecimientos de Guatemala y León.

Además, las calles no contaban con iluminación eléctrica. Al caer la noche, las personas dependían de fuentes de luz portátiles para desplazarse. Las antorchas y lámparas permitían iluminar los caminos y también podían servir para hacer visible una concentración de personas. En ese contexto ocurrió uno de los episodios que posteriormente serían asociados con la tradición de los faroles.

Dolores Bedoya y la movilización del 14 de setiembre

María Dolores Bedoya de Molina nació el 20 de setiembre de 1783 y murió el 9 de julio de 1853. Estaba casada con Pedro Molina Mazariegos, médico y dirigente del movimiento independentista que posteriormente llegó a ocupar la jefatura del Estado de Guatemala. Bedoya formaba parte de los círculos que apoyaban la independencia. Su participación resulta especialmente significativa porque las mujeres tenían una presencia muy limitada en la vida política formal de aquella época.

La noche del 14 de setiembre de 1821, Bedoya salió a las calles de la ciudad de Guatemala acompañada por Basilio Porras. Ambos buscaron reunir a vecinos que apoyaran la causa independentista. La tradición histórica recuerda a Bedoya recorriendo las calles con una antorcha y convocando a la población para manifestarse a favor de la independencia. Su actuación no se limitó a aquella noche.

Al día siguiente, mientras los representantes de la Provincia de Guatemala discutían la situación política, Bedoya permaneció junto a un grupo de ciudadanos en las inmediaciones del lugar donde se desarrollaban las deliberaciones. Según la tradición histórica, la multitud hizo sentir su presencia mediante gritos, música y pólvora.

La presión ejercida desde el exterior contribuyó a crear un ambiente de tensión mientras los representantes discutían si debían declarar la independencia. Finalmente, el 15 de setiembre de 1821 se firmó el Acta de Independencia de Centroamérica. Por eso, la figura de Dolores Bedoya quedó vinculada con aquella jornada. En 1821 tenía 37 años y estaba próxima a cumplir 38.

¿Qué tiene que ver esto con los faroles de Costa Rica?

La relación entre aquellos acontecimientos y el desfile costarricense es principalmente simbólica. La imagen de las personas reunidas durante la noche, iluminando las calles con antorchas y otras fuentes de luz, se convirtió con el tiempo en una referencia para las celebraciones de la Independencia. Sin embargo, es importante aclarar que el actual Desfile de Faroles en Costa Rica no existe desde 1821. La tradición organizada como actividad escolar comenzó mucho después.

En 1953, cinco años después de la Guerra Civil de 1948, el profesor Víctor Manuel Ureña Arguedas, entonces director provincial de escuelas de San José, organizó oficialmente el Desfile de Faroles. Su propósito era fortalecer el espíritu cívico entre la población, especialmente entre los niños y niñas.

Ureña estableció que la actividad se realizara cada 14 de setiembre a las 6 de la tarde y encargó a docentes de escuelas y colegios promoverla entre sus estudiantes. El primer desfile contó con una amplia participación de estudiantes de las escuelas josefinas, acompañados por sus docentes y familiares. Desde entonces, la celebración se extendió progresivamente a otras comunidades del país.

Una tradición que pasó de las escuelas a las familias

Con el paso de las décadas, los faroles dejaron de ser únicamente un elemento de una actividad escolar. Su elaboración se convirtió también en una tradición familiar. Cada año, estudiantes preparan faroles de diferentes tamaños y diseños. Algunas familias los construyen en casa y otras adquieren modelos ya elaborados. Lo importante es que el objeto se convierte en parte de una celebración colectiva que tiene lugar la noche anterior al 15 de setiembre.

A las 6 de la tarde, las comunidades realizan actos cívicos y se entona el Himno Nacional de Costa Rica. Después comienza el recorrido de los faroles por las calles. El Ministerio de Educación Pública reconoce esta actividad como parte de las celebraciones patrias que se realizan en todo el país. La tradición también se relaciona con la Antorcha de la Independencia, cuyo fuego representa simbólicamente la libertad y conecta las celebraciones centroamericanas de setiembre.

Desfile de Faroles: de una movilización política a una celebración nacional

La historia detrás del farol permite entender que este objeto tiene un significado que va más allá de su apariencia. En 1821, la luz que acompañaba a quienes recorrían las calles de Guatemala formaba parte de un contexto de movilización política. Más de un siglo después, Costa Rica convirtió esa imagen en un elemento de una celebración cívica dirigida inicialmente a la niñez.

La transformación es significativa. Las antorchas y lámparas de aquella época servían para iluminar las calles durante una noche de incertidumbre. Los faroles actuales, en cambio, iluminan recorridos festivos y acompañan a estudiantes, familias y comunidades durante la víspera de la Independencia.

Por eso, cada 14 de setiembre, cuando los faroles recorren las calles de Costa Rica, la tradición recuerda de manera simbólica aquellos acontecimientos ocurridos en Guatemala en 1821. También mantiene viva la memoria de una mujer que tuvo un papel destacado en aquella movilización: María Dolores Bedoya de Molina.

La celebración costarricense nació en 1953, pero encontró en los acontecimientos de 1821 el referente histórico que explica por qué, cada año, las calles del país vuelven a llenarse de luces en la víspera del 15 de setiembre.

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